Sobre el libro
"La conclusión que hay que sacar de todo esto es de las más importantes. No es sino ésta: la devoción al Papa es parte esencial de la piedad cristiana. No es un tema que no esté relacionado con la vida espiritual, como si el Papado fuera solamente la política de la Iglesia, una institución que pertenece a su vida externa, una conveniencia de gobierno eclesiástico divinamente establecido. Es una doctrina y una devoción. Es parte integral del plan de Nuestro Señor. Jesús está en el Papa de una manera aún más elevada que en el Pobre y en los Niños. Lo que se hace al Papa, sea a favor o en contra, se le hace a Jesús. Todo lo que en Nuestro Señor es regio, sacerdotal, se resume en la persona de su Vicario, para recibir nuestro homenaje y veneración. El hombre puede intentar ser un buen cristiano sin tener devoción a Nuestra Señora tanto como sin tenerla al Papa; y en ambos casos por la misma razón: ambos, su Madre y su Vicario forman parte del Evangelio de Nuestro Señor.
Les pediría que tengan esto en mucha consideración en estos tiempos. Estoy convencido de que grandes consecuencias seguirían, para el bien de la religión, de una percepción clara de que la devoción al Papa es parte esencial de la piedad cristiana. Corregiría muchos errores, aclararía muchos malentendidos, evitaría muchas calamidades. Siempre he dicho que la única forma de aclarar todas las dificultades es mirar las cosas simple y exclusivamente desde el punto de vista de Nuestro Señor. Que todas las cosas nos parezcan tal como son en Él y para Él. En nuestros días hay muchas cosas complejas, muchos desconcertantes enredos de la Iglesia y del mundo; pero si nos mantenemos firmes en este principio, si con una valentía ingenua somos todo para Jesús, vamos a abrirnos paso con seguridad en nuestro camino a través de todos los laberintos, y nunca tendremos la desgracia de encontrarnos, por cobardía, por prudencia de la carne, o por falta de discernimiento espiritual, del lado en el que no está Jesús" (Del texto).