Espiritualidad · 2 vols.
Perfección Cristiana y Contemplación
- Autor
- R. Garrigou-Lagrange, O.P.
- Traducción
- Cristian Jacobo
- Páginas
- 419 + 513
- Dimensiones
- 15 × 21 cm
- Idioma
- Español
- Área
- Espiritualidad
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Espiritualidad · 2 vols.
"Estas páginas son un resumen de un curso en latín de teología ascética y mística impartido en los últimos años en la Facultad de Teología del Colegio Angélico de Roma; han aparecido en gran parte en la Vie Spirituelle.
Hemos tomado como guía a Santo Tomás de Aquino y a San Juan de la Cruz.
Santo Tomás, Doctor Communis, sobresalió entre todos los teólogos en la unión de las dos sabidurías, adquirida e infusa, y recibió eminentemente, por expresarlo así, el carisma que San Pablo llama sermo sapientiae. La sabiduría que había adquirido unía ya la ciencia del filósofo y la del teólogo en una síntesis maravillosa. En cuanto a la contemplación infusa, que procede del don de sabiduría, alcanzó en él los más altos grados; acompañada a menudo del éxtasis y del don de lágrimas, seguía siendo superior a todo lenguaje humano. Fue ella quien le impidió dictar el final de la Summa Theologica, que no le parecía más que paja en comparación con lo que vislumbraba.
La encíclica Studiorum ducem, al proponérnoslo como Maestro indiscutible, no sólo para la dogmática y la moral, sino también para la ascética y la mística, insiste particularmente en una de sus más bellas doctrinas, a saber, que el precepto del amor a Dios no tiene límite y que la perfección de la caridad cae bajo este precepto, no como un asunto o algo que deba ser alcanzado inmediatamente, sino como el fin hacia el cual todo cristiano debe esforzarse según su condición.
Al tratar de las virtudes infusas y de los dones del Espíritu Santo, Santo Tomás nos enseña sobre todo su naturaleza y propiedades. San Juan de la Cruz nos muestra las diversas fases de su progreso hasta su perfecta realización. Entre los escritores espirituales lo hemos tomado como guía por varias razones: 1. Porque es sin duda uno de los más grandes místicos católicos; 2. Porque está canonizado, y su doctrina, sometida a la prueba de la crítica y examinada por la Iglesia, es perfectamente segura; 3. Porque, al llegar en el siglo XVI, se benefició de toda la tradición anterior y, conociendo a fondo la obra de Santa Teresa, la explicó vinculando los estados místicos descritos por ella a los principios sobrenaturales de los que proceden, a las virtudes teologales y a los dones del Espíritu Santo, que habían alcanzado su pleno desarrollo. Supera así a la misma Santa Teresa, aborda como teólogo cuestiones muy elevadas sobre las que ella escribió poco, y proporciona así el punto de unión entre la mística descriptiva y la teología especulativa de las virtudes y los dones. 4. Finalmente, San Juan de la Cruz, como todos los teólogos carmelitas, está plenamente de acuerdo con Santo Tomás sobre las grandes cuestiones de la predestinación y la gracia, y, siguiendo su ejemplo, distinguió admirablemente la contemplación infusa de los fenómenos extraordinarios que a veces la acompañan" (Introducción).