Sobre el libro
Escribir un prólogo para una obra de León Bloy es un desafío necesario de asumir, en tanto sus ideas aclaran, en una buena medida, el devenir de la cultura y de la historia contemporáneas. Y más si se trata de la obra postrera de Bloy: En las tinieblas, es un conjunto de ensayos reunidos bajo el denominador común de una especie de testamento, en el que aparece contenida la síntesis del pensamiento histórico, religioso, social, literario de este Peregrino del Absoluto...
En las tinieblas aparece publicado en 1917. Es una obra que cierra, de algún modo, un recorrido vasto y complejo, de un autor que, por sus opiniones incómodas y por la forma de polemizar, fue quedando aislado en un ostracismo no exento de una actitud ascética.
Este libro de Bloy opera como una síntesis de su pensamiento y de su obra escrita, ya que se observa la intencionalidad de dejar en él plasmadas las ideas por las cuales pugnó Bloy en escritos previos, a la manera de una recapitulación final y legado literario. Las referencias históricas -en especial de la historia inmediata al autor- y culturales, se cifran en la búsqueda que formalizó Bloy a lo largo de su vida.
Cada uno de los ensayos que reunió en este libro, tiene el sentido de la advertencia, a partir de un pasado que se hace presente, a raíz de la instancia histórica que Europa atravesaba en ese momento.
En estos ensayos están comprendidos todos los aspectos de la actividad del hombre, que se ve afectado por un conflicto de semejante envergadura, como es una guerra que abarca una totalidad.
León Bloy, con su estilo entre poético y visceral, plantea que el hombre está en un límite, caminando en el borde de unas profundidades, que no acaba de avizorar. El problema reside en el hecho de que esas profundidades sólo pueden ser apreciadas por alguien que tiene una visión diferente; alguien que es dueño de una capacidad para captar el desdén que se ha impuesto a lo transcendente, y que, por esto, sufre, padece y pide un consuelo: «¡Reparación sobrenatural para un corazón desfigurado de angustia y asco! El desprecio universal, absoluto de los hombres y de las cosas.» Y, como un camino evidente, Bloy no titubea en declarar la causa de lo que desencadenó semejante tribulación: «La Fe está muerta de tal forma que uno se pregunta si jamás vivió y lo que hoy lleva su nombre es tan torpe o fétido que el sepulcro parece preferible.» Estas consideraciones remiten a otro fenómeno que dilucida, en el fondo, lo que está ocurriendo: ante una guerra de semejantes dimensiones, el fracaso del hombre sólo puede explicarse por el derrumbe de la Fe.
En este sentido, no es extraño que León Bloy advierta en la Primera Guerra la prefiguración del Apocalipsis: «Ha sido preciso llegar, después de tantas generaciones, a este umbral del Apocalipsis y verse convertido en espectador de una abominación universal, que no conocieron los siglos más obscuros para sentir la imposibilidad absoluta de toda esperanza humana.» Con lo que establece que la guerra termina aboliendo la esperanza del hombre, la capacidad del hombre para creer en el otro, que ya no responde como tal, sino como una forma contrahecha de lo humano, en tanto creatura.
Sin embargo, lejos de plantear un panorama definitivo, Bloy alcanza a entrever, desde sus convicciones católicas, la Esperanza, desde el momento en que toda la abominación sucumbe ante el acto de la Transubstanciación: «Cuando el sacerdote eleva el cáliz para recibir la Sangre de Cristo, se puede imaginar el silencio inmenso de toda la tierra que el adorador supone colmado de espanto en presencia del Acto indecible que hace parecer como nada a todos los demás actos, asimilables al punto a vanas gesticulaciones en las tinieblas.» (Prólogo)